Hay cosas que el Señor te da que son tuyas. Solo tuyas. Y el problema no es que no puedas compartirlas. El problema es que a veces las gastás tratando de convencer a alguien en lugar de vivirlas.
El predicador contó algo que me pareció muy honesto. Cuando bajaron del monte Tabor, Jesús les dijo a Pedro, Santiago y Juan: no digan nada. Nada. Silencio total.
Y yo me imaginé a los otros nueve esperando abajo. 'Loco, ¿qué pasó allá arriba?' Y los tres con la boca cerrada. Eso debe haber sido una tortura.
Pero hay algo en eso que vale la pena entender. Algunas experiencias con el Señor no están hechas para ser explicadas. Están hechas para transformarte. Y cuando intentás bajarlas a palabras demasiado rápido, algo se pierde en la traducción.
A mí me pasó. Le querés contar a alguien algo que el Señor te mostró, algo que te llegó adentro, y ves en la cara del otro que no está pasando lo mismo. Y empezás a dudar. '¿Lo entendí mal? ¿Me estoy volviendo loco?' No. Es que era tuyo. Era para vos.
No X, sino Y: no se trata de guardar un secreto. Se trata de entender que la experiencia en la montaña no necesita validación externa para ser real. Si el Señor te lo dio, es tuyo. Punto.
Y después, con el tiempo, cuando llegue el momento de compartirlo, no vas a tener que decir 'Dios me dijo'. Porque va a ser evidente. Porque algo en vos va a hablar más fuerte que cualquier palabra.
"Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor."
2 Corintios 3:18 · NVIMoisés bajó del monte Sinaí después de cuarenta días. No bajó con un discurso preparado. No bajó con un PowerPoint. Bajó con el rostro luminoso. Tan luminoso que la gente no podía mirarlo directo a la cara y tuvo que cubrirse. Nadie le preguntó qué había pasado ahí arriba. Era obvio. Había estado con el Señor. Eso es lo que pasa cuando subís al monte de verdad: no necesitás explicar nada. Tu cara lo dice.
"Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía que la piel de su rostro resplandecía, porque había estado hablando con Dios."
Éxodo 34:29 · NVIHoy, en lugar de intentar explicarle a alguien lo que sentiste en algún momento de encuentro con el Señor, simplemente viví desde ahí. No hace falta convencer a nadie. Fijate si hay algo que el Señor te mostró esta semana que todavía estás tratando de racionalizar. Dejalo ser. Dejá que te transforme antes de que lo pongas en palabras. Y si tenés un momento hoy, aunque sean cinco minutos, cerrá la puerta, silenciá el teléfono y quedate quieto con él. Sin pedir nada. Sin explicar nada. Solo vos y él.
Lo que el Señor te da en el monte no necesita tu ayuda para sostenerse. Es tuyo. Vivirlo ya es suficiente.
Todavía no guardaste ningún devocional.
Tocá el marcador en cualquier devocional para guardarlo acá.Todavía no tenés frases destacadas.
Seleccioná texto en un devocional para guardarlo acá.Iniciá sesión con Google para guardar frases destacadas.
Entrar con Google
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.