El problema con subir al monte es que algunos bajan creyendo que llegaron más lejos que el resto. Y justo ahí, en ese momento, perdieron todo lo que ganaron arriba.
Miren, esto me incomoda decirlo porque me involucra directamente. Y creo que nos involucra a casi todos los que llevamos un tiempo caminando con el Señor.
Cuando tenés una experiencia real con él —un momento de encuentro genuino, algo que te marcó— hay una tentación muy sutil que aparece después. No es dramática. No tiene cuernos ni nada. Es simplemente esto: mirar a los demás desde un poquito más arriba.
'Yo ya entendí esto.' 'Yo ya pasé por eso.' 'Esa persona todavía no llega a donde yo llegué.'
Y el predicador lo dijo clarito, sin anestesia: nunca mires con desprecio al que se quedó abajo. Nunca creas que sos superior porque tuviste una experiencia. Porque si algo te da el Señor, es para transformarte más parecido a él. Y él es lo más humilde que existe.
Así que si subiste al monte y bajaste más engreído, más crítico, más seguro de que los otros están equivocados y vos tenés la razón... amigos, algo salió mal en el camino. Amén.
No fue el monte lo que cambió. Fuiste vos. Bajaste mirando para abajo en lugar de seguir mirando para arriba.
A mayor luz, mayor humildad. Eso es el lema. No a mayor luz, mayor autoridad para juzgar. No a mayor luz, mayor distancia con los que todavía están en el pie. La luz que recibiste en la montaña tiene que hacer que te acerques más a la gente, no que te alejes.
"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo."
Filipenses 2:3 · NVIHay algo medio gracioso y muy humano en Pedro en toda esta historia. Es el primero en hablar cuando nadie sabe qué decir. 'Señor, ¿qué te parece si hacemos tres enramadas?' El predicador se rió de esto y yo también me reí, porque todos somos Pedro. Tenemos la experiencia más impresionante de nuestra vida delante de los ojos y lo primero que hacemos es proponer un proyecto. Pero fijate algo: Jesús no lo retó. No lo humilló. Lo tocó. Le dijo levantate, no tengas miedo. Eso es lo que hace el Señor con nuestras torpezas. Las contiene. No las usa para bajarte el pulgar. Y si él hace eso con vos, ¿cómo vas a hacer vos lo contrario con el de al lado?
"Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué pide el Señor de ti? Solamente hacer justicia, amar misericordia, y humillarte ante tu Dios."
Miqueas 6:8 · NVIHoy es sábado, el día en que muchos nos preparamos para estar juntos mañana. Buen momento para hacer una revisión rápida, sin drama. ¿Hay alguien en tu comunidad a quien estés mirando desde arriba? ¿Alguien cuya fe te parece menos desarrollada, menos madura, menos 'real' que la tuya? Nombralo mentalmente. Y después acordate de cómo estabas vos antes de que el Señor te mostrara lo que te mostró. Nosotros no llegamos solos a ningún lado. Nos llevaron. Igual que Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan al monte. La actitud que corresponde no es la del que ya llegó. Es la del que sigue subiendo, con otros al lado.
Cuanto más alto llegás con el Señor, más te parecés a él. Y él siempre bajó a buscar al que se quedó abajo.
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