Hay gente que lleva años escuchando todo sobre Jesús y no cambió absolutamente nada. No porque Dios falló. Sino porque nunca salió del atrio.
El templo de Jerusalén tenía tres partes. El atrio, donde iba todo el mundo. El lugar santo, donde entraban los sacerdotes. Y el lugar santísimo, donde estaba la presencia de Dios, y al que casi nadie podía acceder.
Ahora pensá en cuánta gente —yo me incluyo en esto— lleva años viniendo, cantando, tomando notas, oyendo todo, y sin embargo su realidad no cambia nunca. Seguimos cuestionándonos las mismas cosas. Seguimos sufriendo las mismas cosas. Estamos ahí, pero como si hubiera una pared de vidrio entre nosotros y él.
No es que somos insensibles. No es que somos autómatas. El tema es que el corazón se endureció. Y un corazón endurecido puede oír pesadamente, puede entender todo con la cabeza, pero nada baja. Nada aterriza. Todo queda en el plano de la información.
Cuando Jesús murió en la cruz y dijo 'consumado es', esa gran cortina del templo se rasgó en dos. Quedó expuesto el lugar santísimo. La presencia de Dios, al alcance de todos. No de unos pocos elegidos, no de los que tienen más experiencia espiritual, no de los que llegaron primero. De todos.
Entonces la pregunta real no es si podés entrar. La pregunta es por qué te quedás afuera.
"'Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre.'"
Apocalipsis 1:6 · NVIEn la prédica se describió algo que me impactó: la gente mayormente estaba lejos del lugar santísimo y entendía que había ciertas personas que podían llegar más cerca. Era una distancia que se daba por sentada. Natural. Normal. Y sin embargo, cuando se rasgó la cortina, los sacerdotes quedaron aterrados. Porque lo que siempre había sido prohibido, de repente estaba abierto. La distancia que ellos creían que era parte del sistema era, en realidad, lo que Jesús vino a destruir.
"'El corazón de este pueblo está endurecido, sus oídos no pueden oír, y han cerrado los ojos; de lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría.'"
Mateo 13:15 · NVIHoy, antes de hacer cualquier otra cosa, hacete una sola pregunta: ¿dónde estoy parado? ¿En el atrio, mirando de lejos? ¿O avanzando hacia adentro? No te estoy pidiendo que tengas una experiencia mística esta mañana. Te estoy pidiendo que seas honesto. Que no te conformes con decir 'sí, ya sé de qué se trata' y seguir igual. Un ejercicio concreto: anotá en algún lado una cosa —una sola— que escuchás hace tiempo y nunca terminó de cambiar algo en vos. No para flagelarte. Para nombrarlo. Porque lo que nombramos, lo podemos llevar al señor. Y lo que llevamos al señor, empieza a moverse.
La cortina ya está rota. El camino ya está abierto. La pregunta no es si podés entrar. Es si hoy vas a dar un paso más adentro.
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