Día 2
Día 2 de 7 16 de junio

Tres palabras que acomodan todo

Hay momentos en que una sola frase cambia la dirección de toda tu vida. José la escuchó en el peor momento posible. Y funcionó.

Tres palabras que acomodan todo

Ponete en los zapatos de José un segundito. Recién casado, o casi. Su mujer está embarazada y él sabe que ese hijo no es suyo. Cualquier persona en esa situación haría lo que José pensó hacer: irse. Desaparecer. Cortar por lo sano y salvar el poco honor que le quedaba.

Y en ese momento exacto, en el peor momento, cuando todo se había derrumbado, el ángel le dice tres palabras: "No tengas miedo".

Fijate qué interesante. El cielo no le explicó todo. No le dio un diagrama de flujo de lo que iba a pasar. No le garantizó que iba a ser fácil. Le dijo: no tengas miedo. Y con esas tres palabras, dice la historia, a José se le acomodaron todos los tantos. Todas sus sospechas. Todo su dolor. Todas sus decisiones.

A veces nos confundimos y creemos que necesitamos entender todo para poder avanzar. Que Dios nos debe una explicación antes de que nosotros le demos nuestra confianza. Pero no funciona así. La fe no es entender. Es confiar cuando no entendés. Es escuchar "no tengas miedo" y creerlo, aunque la situación siga siendo la misma.

Y mirá lo que pasa después: José no solo se quedó con María. Fue el hombre que sostuvo ese embarazo imposible, que viajó de noche hasta Belén, que hizo de partero sin saber cómo, que protegió a ese bebé de todo lo que venía. Todo empezó con tres palabras que decidió creer.

Me imagino a José esa noche. Solo, tomando una decisión que nadie iba a entender. No había manera de explicarle a nadie lo que había pasado sin que se rieran en su cara. Pero en ese silencio oscuro, el cielo habló. Y cuando el cielo habla, aunque sean tres palabras, alcanza. Alcanza para acomodar los tantos, para silenciar las sospechas, para darle forma a lo que parecía un desastre total. No tengas miedo, José. Con tu nombre. Así. Directo al alma.

II Versículo

"«José, hijo de David —le dijo el ángel—, no tengas miedo de recibir a María por esposa, porque el niño que lleva dentro de ella fue concebido por el Espíritu Santo»."

Mateo 1:20 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Pensá en algo que te está generando miedo ahora mismo. No un miedo abstracto: algo concreto. Una relación, una decisión, una situación económica, algo con tu salud o la de alguien que querés. Escribilo. Ponelo en palabras. Y después escribí al lado: "No tengas miedo, [tu nombre]". Parece simple. Quizás demasiado simple. Pero a veces lo que necesitamos no es más información sino que alguien con autoridad nos mire a los ojos y nos diga que podemos soltar el miedo. Él ya lo dijo. Hoy te lo recuerda.

El cielo sigue diciendo tu nombre. Sigue diciendo: no tengas miedo. La pregunta es si lo escuchás o si el ruido de todo lo demás te lo tapa.

W. A.
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