Podés comer la mejor mesa de tu vida y seguir con un corazón envenenado. La sidra no cura eso. El turrón tampoco. Hay algo que sí puede, pero requiere que hagas lo más difícil del año.
A ver, hablemos en serio un segundito, que mañana es domingo y pasado es Navidad y ya no queda tiempo para darle vueltas.
Hay gente que esta noche se va a sentar a la mesa con alguien a quien no perdonó. Lo van a mirar de reojo. Van a pasar la fuente sin hablar. Van a brindar con una sonrisa que no llega a los ojos. Y todo el mundo va a hacer como que no pasa nada, porque eso hacemos: somos muy buenos fingiendo que todo está bien cuando todo está hecho añicos.
El predicador citó Proverbios y me pareció brutal: cuando hay armonía, no importa que haya un bocado de pan seco. O sea, la calidad de la mesa no determina la calidad de la noche. La determina lo que hay en el corazón de los que se sientan alrededor.
Y yo me pregunto, digo por mi cuenta, cuántas mesas de Navidad van a tener el mejor menú del año y el peor ambiente posible. Cuántas familias van a gastar una fortuna en comida y van a pasar la noche con ese silencio pesado que todos sienten pero nadie nombra.
Perdonar no es decir que lo que te hicieron estuvo bien. No es olvidar. No es pretender que no pasó. Es soltar el peso. Es dejar de cargar vos algo que te está haciendo daño a vos, no al otro.
Y Navidad, justamente, es la fecha más absurda para seguir cargando eso. Porque lo que festejamos, si es que festejamos algo real, es que Dios perdonó todo lo nuestro. Todo. Sin que se lo pidiéramos. Sin que nos lo merezcamos. Entonces, ¿cómo nos sentamos a celebrar eso con rencor adentro?
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial."
Mateo 6:14 · NVIEl predicador lo dijo con una honestidad que duele: la noche de Navidad es peor cuando uno está solo. Las noches de Navidad son más dolorosas en un hospital. La peor noche de encierro en una cárcel es la de Navidad. Todo este adorno, estas luces, este folklore hermoso, se convierte en un espejo cruel para el que no tiene con quién compartirlo. Y a veces, el que está solo en la mesa no está solo porque no tiene familia. Está solo porque hay algo roto que nadie se animó a arreglar todavía.
"Mejor es un bocado seco con tranquilidad, que una casa llena de banquetes con discordias."
Proverbios 17:1 · NVI¿Qué hacés con esto? Antes de que empiece la noche de mañana, tomá unos minutos solo. En serio, cinco minutos, no hace falta más. Pensá en esa persona. Ya sabés quién es, no te hagas el distraído. Y tomá una decisión interna: voy a soltar esto. No tenés que anunciarlo con un discurso. No tenés que esperar que el otro pida perdón primero. Podés empezar vos. Un gesto pequeño en la mesa, una palabra amable, una pregunta sincera. Nosotros no cambiamos a nadie perdonando, pero nos cambiamos a nosotros mismos. Y eso ya es suficiente para empezar.
El pan dulce en rodajas alcanza para todos. El perdón también. La diferencia es que el perdón no tiene precio en el súper.
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