Hacemos un despliegue enorme para celebrar el nacimiento de alguien que nació con el despliegue mínimo posible. Algo ahí no cierra.
Digo por mi cuenta, y quizás me van a odiar por esto: me parece que exageramos un poco con la Navidad. No con celebrar, ojo. Con lo que celebramos cuando celebramos.
Solo Mateo y Lucas hablan del nacimiento de Jesús. Marcos no dice nada. Juan directamente arranca diciéndonos que Jesús es eterno, que existió siempre, que todas las cosas existen por él. No pierde tiempo en el pesebre porque hay cosas más grandes que contar.
Y Lucas, que sí lo cuenta, lo despacha en pocas líneas. Un versículo dice que lo acostaron en un pesebre porque no había lugar. Otro versículo dice que el ángel les dijo a los pastores que fueran a verlo. Y listo. Nunca más se menciona el pesebre en toda la Biblia.
Nunca más.
Me parece que Dios hizo todo lo necesario para que nadie se agarrara del nacimiento de Jesús y lo convirtiera en el punto central. Sin palacio, sin familia, sin testigos importantes, sin cuna. Lo más sencillo y lo más inadvertido posible. ¿Por qué? Porque la historia no es el nacimiento. La historia es el que nació.
Y acá estamos nosotros, siglos después, con el pan dulce, el árbol, las luces, Papá Noel, los regalos, la sidra, la cola del supermercado y el estrés de los precios. Todo un folklore hermoso que no tiene absolutamente nada que ver con Jesús. Nada.
No se trata de no celebrar. Se trata de no confundir el adorno con la persona. El pesebre con el Salvador. La fecha con el que llegó ese día para quedarse para siempre.
"Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron."
Juan 1:11 · NVIHay gente que nació en hogares cristianos, fue a la iglesia miles de veces, tiene una cruz colgada en la pared, la lleva en el pecho, y cuando muere hay una cruz en la sala del velatorio y en la lápida. Se puede amar la cruz sin haber entendido el mensaje de Jesús. Toda la vida cerca del símbolo y lejos de la persona. Eso me parte el alma. Porque no es la cruz lo que salva, ni el pesebre, ni la estrella. Es él.
"Y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada."
Lucas 2:7 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes de mandarte con los preparativos o los saludos navideños, hacete una pregunta honesta: ¿qué lugar real ocupa Jesús en todo esto? No te pido que tires el árbol ni que le expliques a tus hijos que Papá Noel no existe esta noche. Te pido algo más difícil: que en medio de todo lo que celebrás, haya un momento, aunque sea corto, donde Jesús no sea el muñequito del pesebre sino la persona central. Una conversación con tus hijos. Una oración que no sea de fórmula. Una decisión de que él no se quede en el adorno.
La Navidad más fiel al original fue la más silenciosa, la más humilde, la más inadvertida. Capaz que nosotros también podemos aprender algo de eso.
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