Día 7
Día 7 de 7 21 de junio

Abrí el corazón, no el pesebre.

No somos cristianos porque celebramos Navidad. Somos cristianos porque experimentamos el perdón de nuestros pecados y el Espíritu Santo vive en nuestro corazón. Esa diferencia lo cambia todo.

Abrí el corazón, no el pesebre.

Llegamos al final de la semana. Y si estuviste leyendo desde el lunes, ya recorrimos bastante: que Dios está con nosotros y no lejos, que tres palabras pueden acomodar todos los tantos, que Jesús no necesita que lo adornemos, que el amor de verdad se queda con las manos vacías, que hay que llamar en lugar de mandar flyers, que perdonar es lo más parecido a la Navidad real.

Hoy quiero cerrar con lo más importante. Lo más simple y lo más difícil al mismo tiempo.

Dios con nosotros no es una frase de diciembre. Es una propuesta permanente que empezó esa noche en Belén y sigue hoy. Pero hay algo que la prédica dijo y que no quiero que se pierda: cuando recibimos este mensaje y lo experimentamos, ya pasa a ser Dios en nosotros. Y ahí es cuando todo cambia. No solo cambia cómo celebramos. Cambia cómo miramos al de al lado. Cambia cómo hablamos con el que nos hizo la vida imposible. Cambia cómo abrazamos al que nadie abraza y nos acordamos del que nadie se acuerda.

El predicador lo describió así, y yo no lo puedo mejorar: el Señor sigue acomodando los labios para seguir besando. Cada vez que yo empiezo a adaptarme a los demás, a amar a los que nadie ama, a abrazar a los que nadie abraza, a perdonar a los que me hicieron sufrir, el cielo vino a la tierra a través de él, y hoy es a través de sus hijos.

Eso es lo que celebramos. No el pesebre. No el árbol. No el pan dulce, aunque el de chips de chocolate siga siendo celestial. Celebramos que Jesús nació para que nosotros pudiéramos nacer de nuevo. Celebramos que cargó con todo lo nuestro para que nosotros no tengamos que seguir cargándolo. Celebramos que Emmanuel, Dios con nosotros, no fue un evento de diciembre sino el inicio de algo que no termina.

"La virgen concebirá un hijo, dará a luz un varón, y lo llamarán Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros."

Mateo 1:23 · NVI

Hay una historia que el predicador contó y que se me quedó. Un médico operó a una joven de un tumor en la mejilla. El trabajo fue milimétrico, lo mejor que pudo hacer. Pero cuando la chica despertó, tenía la boca torcida. Entra alguien a la habitación, el médico no sabe quién es. La chica le pregunta con voz débil: ¿mi boca va a quedar así para siempre? Y el otro responde: me gusta. Y empieza a imitar la mueca con su propia boca. Y la besa así. Ahí el médico entendió quién era ese hombre y de qué se trataba todo esto. Eso es Emmanuel. Un Dios que no espera que te compongas para acercarse. Que acomoda su boca a la tuya, que viene a donde estás, que te ama exactamente como llegaste.

II Versículo

"Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios."

Juan 1:12 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de que empiece la noche, antes de que llegue la familia o antes de que la soledad sea más pesada, tomá un momento real con Dios. No un momento de liturgia, no un momento de protocolo religioso. Un momento honesto. Decile lo que tenés adentro. Lo que te avergüenza, lo que te pesa, lo que no le dijiste a nadie. Él ya lo sabe, pero vos necesitás decirlo. Y después recibí lo que él ya te está ofreciendo desde esa noche en Belén: perdón, presencia, y la certeza de que no estás solo. Nosotros no armamos un pesebre esta noche. Abrimos un corazón.

La Navidad más fiel al original pasó tan inadvertida que solo el cielo la celebró. Que lo que pase en tu corazón esta noche sea de ese tipo: silencioso, real, y celebrado arriba.

W. A.
34
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

4 min