Hay una historia de amor que termina con los dos sin el regalo que compraron. Y es la mejor historia de amor que conozco. Algo nos dice eso sobre Navidad.
A ver, hablemos del tema de los regalos, que a esta altura del año ya a todos nos agarró el estrés de los precios. Digo, no sé cómo estará el dólar cuando leas esto, pero seguro que el pan dulce con chips de chocolate sigue siendo celestial aunque tenga exceso de sodio, calorías y grasas saturadas. Eso no cambia.
Pero el tema es que la Navidad nos mete en una loca carrera donde gastamos lo que no tenemos para comprar cosas que el otro quizás no necesita. Y lo hacemos con amor, sí, pero también con una presión enorme de que todo tiene que salir bien, que la mesa tiene que estar linda, que no puede faltar nada.
Y en el medio de toda esa corrida, nos olvidamos de algo que el predicador dijo y que me quedó resonando: la gente recuerda menos los regalos que la manera en que la trataron los que regalaron. ¿Cuántos regalos de Navidad de tu infancia recordás con detalle? ¿Y cuántos momentos, conversaciones, abrazo, personas?
Exacto. Eso.
Amor es darlo todo sin medir los resultados. Y a veces dar todo significa quedar con las manos vacías. Pero las manos vacías de alguien que amó de verdad valen más que un montón de regalos comprados con ansiedad y deuda.
"Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito."
Juan 3:16 · NVISon recién casados, economía malísima, siglo pasado. Ella quiere regalarle a él una cadena para su reloj de chaleco, ese que él tanto ama. No tiene plata, así que decide cortarse el pelo largo que tiene y vender esas trenzas para comprar la cadena. Él, mientras tanto, quiere hacerla feliz a ella y decide vender ese mismo reloj para comprarle dos peinetas para ese cabello que ella tanto cuida. Llega la Navidad y los dos se miran con sus regalos. Ella sin pelo. Él sin reloj. Los dos sin el objeto para el que compraron lo del otro.
No tengo idea cómo terminó esa historia. Quizás se pelearon un poco, quién sabe. Pero lo que hicieron antes de descubrirlo fue amor puro: darlo todo sin medir. Eso es lo que celebramos. No el resultado perfecto. El amor que no calculó.
"Más vale un bocado de pan seco, pero en paz, que una casa llena de banquetes, pero con peleas."
Proverbios 17:1 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes de estresarte con los regalos, con la lista, con el presupuesto que no alcanza, preguntate: ¿qué es lo que la persona que quiero realmente necesita de mí? Capaz que es una llamada. El predicador lo dijo y tiene razón: llamar cuesta menos y llega más al corazón que cualquier flyer con frase linda. No mandés saludos. Sé una bendición. La diferencia entre las dos cosas es enorme aunque parezca pequeña. Y si tenés que elegir entre la mesa perfecta con tensión o un bocado de pan seco con paz y amor de verdad, ya sabés qué dice Proverbios que vale más.
El amor que no mide resultados es el único amor que se parece al de Jesús. Y eso, en cualquier diciembre y en cualquier junio, siempre es suficiente.
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