La venganza te parece justa. Y justo ahí está el problema.
Miren, esto que voy a decir no le gusta a nadie, y lo entiendo. Jesús lo dice en el Sermón del Monte sin anestesia: «Oyeron que fue dicho ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo: no resistan al que es malo. Si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.»
Y todos hacemos lo mismo: nos movemos incómodos en el asiento. Porque eso suena a perdedor. Suena a que te pasan por encima y vos sonreís como idiota.
Pero el Señor no te está pidiendo que seas un felpudo. Te está pidiendo algo mucho más difícil: que seas tan libre por dentro que el otro no tenga el poder de sacarte lo que sos.
El tema es que cuando nos vengamos, le entregamos el control. La persona que te lastimó sigue manejando tu estado de ánimo, tus decisiones, tu energía. La venganza no te libera. Te ata más.
Y saben qué es lo más loco de todo esto. El que dijo estas palabras no las dijo desde un sillón. Las vivió. Se dejó abofetear. Se dejó colgar en una cruz. No porque no pudiera hacer otra cosa. Sino porque eligió, con todo el poder del mundo disponible, no usarlo así.
Eso no es debilidad. Eso es un carácter que yo, honestamente, todavía estoy aprendiendo.
"«No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.»"
Romanos 12:21 · NVIEn la prédica se cuenta esto, y a mí me quedó dando vueltas: el mismo Jesús que podía paralizar con una mirada a quien quería, se quedó quieto. No por miedo. Por decisión. Eso es lo que cambia todo. No es que no podía defenderse. Es que eligió no hacerlo. Y esa elección lo llevó a cambiar la historia entera. No hay ninguna historia de venganza que haya cambiado nada para mejor. Ninguna.
"«Ustedes han oído que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo: no resistan al que es malo.»"
Mateo 5:38–39 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, identificá una situación donde estás esperando que le vaya mal a alguien que te hizo daño. No te voy a pedir que lo abraces todavía. Pero sí te pido esto: dejá de alimentar ese fuego adentro tuyo. No lo names más en tus conversaciones. No revisés sus redes para ver si le está yendo bien o mal. Y si podés dar un paso más, orá por esa persona. Una sola vez. En voz baja, si querés. A ver qué pasa adentro tuyo.
El que se venga queda atado. El que perdona queda libre. Elegí bien.
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