El problema no es lo que no sabés. El problema es lo que sabés y no podés soltar.
Miren, todos llegamos a un punto donde creemos que ya tenemos claro cómo son las cosas. Cómo se hace una familia, cómo se demuestra el cariño, cómo se vive la fe. Y ahí está la trampa: no es la ignorancia lo que nos frena, es la costumbre.
Hay un término que me parece clave: desaprender. No es olvidar. Es aprender distinto. Es darse cuenta de que la mitad del camino hacia el cambio no es incorporar cosas nuevas, sino desinstalar las viejas. Y eso, seamos honestos, es lo más difícil.
A veces nos aferramos a nuestra manera de hacer las cosas no porque sea la mejor, sino porque es la que conocemos. Nos da seguridad. Nos da la ilusión de control. Y cuando algo o alguien nos propone un camino distinto, sentimos como una nostalgia rara, como que antes era mejor, como que estábamos más seguros.
Pero acá está el punto: el crecimiento espiritual no es solo aprender versículos nuevos. Es desaprender formas viejas de enojarse, de amar, de comunicarse, de perdonar. Y eso no te lo enseña nadie en un domingo solo. Es un proceso que te cambia por dentro, si vos lo dejás.
Alvin Toffler, el que escribió sobre el futuro, dijo algo que no lo podés ignorar: «Los analfabetos del siglo 21 no serán los que no sepan leer ni escribir, sino los que no sepan aprender, desaprender y reaprender.» No lo dijo un pastor. Lo dijo alguien que estudió cómo cambia el mundo. Y fijate que la mitad de la ecuación es desaprender. No agregar. Soltar.
"«Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Lo viejo pasó, lo nuevo ha llegado.»"
2 Corintios 5:17 · NVI¿Qué hacés con esto? Hoy, solo hoy, identificá una sola cosa que hacés en automático y que ya no te está dando vida. No hace falta que la cambies todavía. Nombrala. Escribila si podés. El primer paso de desaprender es reconocer que eso que cargás ya no es verdad, ya no te sirve, o nunca fue tuyo de verdad, sino heredado. Nosotros tendemos a defender lo conocido como si fuera sagrado. Pero no todo lo que conocemos viene de Dios. Parte viene de la costumbre. Y el Señor nos invita a distinguir.
Saber no alcanza. El Señor no vino a llenarte la cabeza. Vino a cambiarte la vida.
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