Día 4
Día 4 de 7 9 de julio

Decí «sí» cuando es sí y «no» cuando es no

Cada vez te creemos menos. Y en parte, nos lo ganamos.

A ver, esto lo digo con cariño porque me incluyo. Los que estamos acá, los que decimos que somos cristianos, que tenemos valores, que creemos en la honestidad, a veces somos los peores en esto de cumplir lo que prometemos.

«Te llamo.» No llamás. «Lo hago la semana que viene.» No lo hacés. «Te juro que sí.» Tampoco.

Y lo de jurar tiene historia. En la época de Jesús los judíos juraban por el cielo, por la tierra, por Jerusalén, por el templo, casi por el perro de la vecina. ¿Por qué? Porque su palabra sola no alcanzaba. Necesitaban algo más grande encima para que te creyeran. Y el Señor dice: ¿en serio llegamos a esto? ¿Que necesitamos poner a Dios como fiador de cada promesita que hacemos?

Nosotros también tenemos nuestra versión de esto. Antes en la escuela se juraba, ¿se acuerdan? «Te juro por mi mamá.» «Te lo prometo por lo más sagrado.» Como si la palabra sola fuera insuficiente, cosa que, siendo honestos, muchas veces lo es.

El tema no es solamente que no cumplas lo que prometés. El tema es que cada vez que prometés algo y no lo hacés, tu palabra pierde un poquito más de peso. Y un día te das cuenta de que hablás mucho y nadie te cree demasiado. Eso duele. Pero tiene solución.

"«Sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.»"

Santiago 5:12 · NVI

Me imagino, y capaz que a vos también te pasó, llegar a casa y decirle a tu hijo «el sábado vamos al parque, te prometo». Y el sábado hay algo, surgió algo, siempre surge algo. Y el chico no dice nada, pero la próxima vez que prometés algo, ya no corre a buscar la pelota. Aprende rápido. Los chicos aprenden rapidísimo si nuestra palabra vale o no. Más rápido que nosotros mismos.

II Versículo

"«Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.»"

Mateo 5:37 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes de decir «te prometo» o «te juro», hacé una pausa. Una pausa de verdad. Y preguntate: ¿lo voy a hacer? ¿Puedo hacerlo? ¿O lo estoy diciendo para zafar del momento? Nosotros prometemos mucho porque en el momento queremos quedar bien, queremos que el otro se quede tranquilo, queremos evitar el conflicto. Y está bien querer eso. Pero hay una forma mejor de conseguirlo: decir la verdad desde el principio. «No sé si puedo.» «Lo intento pero no te prometo nada.» «Dejame ver y te confirmo.» Eso es credibilidad. No es perfección. Es honestidad. Y hablá menos, hacé más. Que cuando digas algo, valga.

Tu palabra es tu marca. Cuidala más que el celular.

W. A.
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