Día 7
Día 7 de 7 12 de julio

No alcanza con saber. Tenés que vivir lo que creés.

Hay gente que conoce la Biblia de memoria y tiene la vida hecha un desastre. El problema no es la información. Es la distancia entre lo que saben y lo que viven.

Llegamos al final de la semana y quiero cerrar con algo que estuvo dando vueltas desde el lunes. Desaprender no es un concepto bonito para un retiro espiritual. Es una necesidad urgente.

Esta semana miramos seis cosas que Jesús dijo en el Sermón del Monte. Todas empiezan igual: «Ustedes oyeron que fue dicho… pero yo les digo.» Y en cada una el Señor hace lo mismo: toma algo que todos sabían, algo que todos podían recitar de memoria, y dice que no alcanza. Que el espíritu va mucho más profundo que la letra.

El enojo que mata sin dejar marcas. La mente que puede ser infiel aunque el cuerpo no lo sea. La palabra que perdió peso porque prometemos lo que no cumplimos. La venganza disfrazada de justicia. El amor que solo llega hasta donde llega la comodidad.

Todo eso lo conocemos. Amén, todo eso lo sabemos. El tema es otra cosa.

Jesús lo dice sin vueltas: el que conozca estos mandamientos y los enseñe pero no los viva, va a ser considerado muy pequeño en el reino de los cielos. No es que va a quedar afuera necesariamente. Pero hay una diferencia enorme entre alguien que sabe la verdad y alguien que vive la verdad.

Y yo me miro al espejo esta semana y digo: ¿en cuál de las dos columnas estoy? ¿Cuántas cosas sé perfectamente que debería hacer y no hago? ¿Cuántas cosas tengo claras en la cabeza y siguen sin bajar al corazón, a la boca, a los hechos?

Eso es lo que el Señor quiere cambiar. No tu biblioteca espiritual. Tu vida cotidiana.

"«Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.»"

2 Corintios 5:17 · NVI

El predicador lo dijo con una imagen que no se me va: hay padres que no insultan, que no gritan, que pagan las cuentas, que llevan el pan a la mesa. Y creen que eso alcanza. Pero sus hijos saben, con una claridad que duele, que papá conoce todas las palabras correctas y sin embargo nunca los abrazó. Nunca les dijo «te quiero». Nunca estuvo presente de verdad. Y eso, con el tiempo, es lo que los hijos recuerdan. No el versículo que papá sabía. Lo que papá vivió, o no vivió, delante de ellos todos los días.

II Versículo

"«Cualquiera que practique estos mandamientos y los enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.»"

Mateo 5:19 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de terminar el día, hacé un balance honesto de la semana. No de lo que leíste o escuchaste. De lo que viviste. ¿Hubo alguien a quien le devolviste la existencia, que para vos había dejado de contar? ¿Cuidaste lo que pensás cuando nadie te mira? ¿Cumpliste lo que dijiste que ibas a hacer? ¿Le diste a alguien que no te quiere algo de bondad de todas formas? No tiene que ser un sí en todo. Pero el ejercicio de preguntárnoslo honestamente, sin excusas, es el primer movimiento del desaprender. Y eso, de a poquito, es lo que nos va cambiando.

El Señor no vino a que sepas más. Vino a que seas distinto. La diferencia empieza hoy, en lo más chiquito.

W. A.
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