Podés ser fiel en los hechos y completamente infiel en la mente. Y Dios ve las dos cosas.
El Señor habla del adulterio en el Sermón del Monte y dice algo que incomoda a cualquiera: «Cualquiera que mira con deseo a una mujer ya adulteró con ella en el corazón.» Y ahí todos nos movemos un poco en el asiento.
Saben que lo más fácil de custodiar es lo exterior. Lo que se ve, lo que se puede contar, lo que queda registrado en algún lado. Lo difícil es la mente. Porque la mente es tuya. Nadie entra ahí sin permiso. Vos y yo sabemos lo que pasa adentro, y en cierto sentido, gracias a Dios por eso. Pero también es una trampa, porque nos hace creer que si nadie lo ve, no cuenta.
Cuenta. Claro que cuenta.
No me cuesta nada decirte el versículo. Lo que me cuesta, y lo digo por mi cuenta también, es reconocer que la integridad no pasa solo por lo que hacemos sino por lo que pensamos. Por lo que alimentamos. Por los lugares a donde dejamos ir la mente sin ponerle límite.
El Salmo 1 describe un proceso pequeñito pero letal: primero uno anda, después uno está, después uno se sienta. Así funciona. No empieza con una decisión enorme. Empieza con una mirada, con un clic, con un «por ahora solo miro». Y así, de a poquito, uno se va instalando en un lugar del que cuesta mucho salir.
"«Bienaventurado el hombre que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se sentó en la silla de los burladores.»"
Salmo 1:1 · NVIEn latinoamérica, el 75% de los hombres y cerca del 60% de las mujeres consumen pornografía. No lo inventé yo, lo dicen los números. Y muchos de esos hombres y mujeres son personas que van a la iglesia, que conocen la Biblia, que aman a sus familias. No hay que ser un monstruo para caer en esto. Hay que ser humano, tener una pantalla cerca y no tener con quién hablar. El Señor no te pide que seas perfecto. Te pide que seas honesto. Porque de la honestidad para adelante, él puede trabajar.
"«Ustedes oyeron que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que cualquiera que mira con deseo a una mujer ya adulteró con ella en su corazón.»"
Mateo 5:27–28 · NVI¿Qué hacés con esto? La pregunta no es si tenés tentaciones. Las tenemos todos. La pregunta es qué alimentás. Hoy, revisá qué entra por tus ojos con tu permiso. No es un tema de reglas. Es un tema de integridad. Y la integridad no es para impresionar a nadie. Es para que cuando llegués a tu casa, puedas mirar a los ojos a los que amás sin llevar nada escondido. Nosotros sabemos que esto es difícil. No te voy a decir que con un versículo se resuelve. Pero sí te digo que el primer paso es dejar de creer que lo que nadie ve no le importa a Dios.
La verdadera fidelidad no pasa solo por lo que hacés. Pasa por lo que elegís pensar cuando nadie te mira.
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