Día 2
Día 2 de 7 7 de julio

El enojo también mata

Nunca mataste a nadie. Bien. Pero, ¿a cuántas personas las borraste de tu vida como si no existieran?

Jesús lo dice en el Sermón del Monte, sin vueltas: «Ustedes oyeron que se dijo no matarás. Pero yo les digo que cualquiera que se enoje contra su hermano también será culpable.» Y todos los que lo escuchaban respiraron aliviados. Yo no maté a nadie. Eso es lo que hacemos nosotros también, ¿no? Nos aferramos a la letra y esquivamos el espíritu.

El tema es que hay formas de matar que no dejan marcas visibles. Hay gente que da el portazo. Hay gente que no lo da, que es peor, que te ignora frente a frente. Que te mira y te ve pero decide que no existís. Que te saca de su entorno, de sus pensamientos, de su mesa.

Y nosotros, que conocemos la palabra, que cantamos los domingos, que sabemos el versículo de memoria, a veces tenemos una lista negra en el corazón donde anotamos a los que para nosotros ya murieron.

Desaprender el enojo no es dejar de sentirlo. La Biblia dice que está permitido enojarse. El problema es cuando pecamos en el enojo. Cuando lo dejamos pasar la noche. Cuando lo dejamos pasar el año. Cuando construimos toda una vida alrededor de esa distancia y la llamamos justicia.

"«Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga mientras siguen enojados.»"

Efesios 4:26 · NVI

Una vez un muchacho me contó algo que no me lo puedo sacar de la cabeza. Me dijo: «Mi papá me castigó un montón de veces. Me pegó, me fui a la cama llorando. Pero este es el peor castigo que sufrí: hace un mes que no me habla. Comemos en la misma mesa, miramos la misma tele, y es como si yo no existiera.» ¿Sabés qué? No hubo violencia física. No hubo gritos. Pero ese chico quedó marcado de una manera que ninguna paliza logró. El silencio puede ser la forma más cruel del enojo.

II Versículo

"«Ustedes oyeron que se dijo a los antiguos: No matarás. Pero yo les digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio.»"

Mateo 5:21–22 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Pensá en una persona que boraste. No de Facebook, de tu corazón. Alguien que para vos ya no cuenta, ya no existe, ya fue. No te estoy pidiendo que la llames hoy. Te estoy pidiendo que seas honesto con vos mismo: eso que guardás, ¿es justicia o es enojo disfrazado de justicia? Nosotros tendemos a perpetuar el enojo porque dentro de nuestra lógica, la otra persona lo merece. Pero el Señor nos pide algo distinto. Nos pide que antes de llevar nuestra ofrenda, antes de venir a adorar, vayamos y restauremos. No porque el otro lo merezca. Sino porque vos necesitás soltar.

No alcanza con no matar. El Señor quiere que le des a las personas la oportunidad de volver a existir en tu vida.

W. A.
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