Día 3
Día 3 de 7 27 de mayo

Oír no alcanza: es hora de hacer

Si solo escuchás y no hacés, Santiago lo llama engañarse a uno mismo. Y tiene razón.

Hay un modelo de fe que se construyó sobre la acumulación. Más sermones, más conferencias, más oradores, más conceptos. Y todo eso tiene valor, pero en algún punto se convierte en una trampa: creemos que estamos creciendo porque estamos escuchando.

Jesús lo dijo claro. Santiago lo repitió sin rodeos: el que oye y no hace es como alguien que se mira en un espejo, ve lo que hay que cambiar, y se va sin hacer nada. La imagen es casi cómica. Y dolorosamente familiar.

El objetivo de escuchar siempre fue hacer lo que se escuchó. No coleccionar frases. No acumular conceptos novedosos. Hacer.

Y acá viene la parte incómoda: el evangelio se trata de vos hasta el momento en que creés. Después de ese momento, ya no se trata de vos. Se trata de morir a uno mismo. De llorar lo que él llora. De ir al campo. Seguir poniendo el foco en tu propio desarrollo espiritual cuando ya tenés al Espíritu Santo adentro no es madurez. Es demora.

No es que tengas que tenerlo todo resuelto para salir. Salís con lo que tenés. Y en el camino, él hace el resto.

""El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es.""

Santiago 1:23–24 · NVI

En la prédica el predicador dijo algo con brutal honestidad: "Yo a veces me pregunto si no me estaré confundiendo. Creemos que Dios está contento porque estamos escuchando solamente." Y después agregó: "Cada vez me siento más incómodo cuando el Señor nos habla al corazón y seguimos siendo casi los mismos." No fue una acusación al auditorio. Fue una confesión personal. Alguien que lleva años predicando reconociendo que oír no es suficiente.

II Versículo

""No se contenten solo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.""

Santiago 1:22 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hacé una sola cosa concreta hoy con algo que escuchaste en los últimos dos días. No tiene que ser grande. Puede ser una conversación, un mensaje, abrir una puerta. El movimiento importa más que el tamaño del paso.

Era ayer el momento de empezar a hacer. Pero hoy también sirve. No esperes la próxima prédica para moverte.

W. A.
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