Jesús habló de una generación malvada y adúltera que reclama señales. Pero por debajo, en silencio, se está levantando otra. Fiel. Íntegra. Que no pide señales porque ya eligió creer.
A lo largo de esta semana estuviste mirando el mismo texto desde distintos ángulos. La incredulidad disfrazada de búsqueda espiritual. La fe que va adelante y las señales que la siguen. La ceguera que viene de la distracción sostenida. El desánimo como herramienta del enemigo. La oración como el arma más subestimada y más poderosa que tenés. Todo eso converge hoy en una sola imagen: dos generaciones que coexisten. Una que sigue pidiendo pruebas, mirando para otro lado, anhelando lo que fue, dejándose llevar por la niebla del desánimo. Y otra que, sin mucho ruido, decide creer. Que ora aunque no tenga ganas. Que trae a diez cuando le pedían cinco. Que dice no a lo que la compromete, aunque le cueste. Que abre los ojos para ver lo que la mayoría no ve. Vos podés ser parte de esa segunda generación. No por mérito. No porque seas especial. Sino porque tomaste la decisión de creer en Aquel que venció a la muerte y que, según su propia promesa, puso su Espíritu en vos. La señal de Jonás era la resurrección. Y esa resurrección ya sucedió. Ya está en vos. El poder que levantó a Cristo de entre los muertos ya habita en ti. La pregunta no es si Dios puede. La pregunta es si vas a creerlo.
"'Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.'"
Romanos 8:11 · NVIEl pastor cerró la prédica con una oración que era también una declaración: 'No te vamos a pedir señales. Confiamos que porque te creemos, las señales vendrán. Veremos tu palabra cumplida.' Eso no es resignación. Es la fe más activa que existe: la que no espera evidencia para moverse, porque ya tiene al Señor como evidencia suficiente.
"'Estas señales seguirán a los que creen.'"
Marcos 16:17 · NVIHoy, al cerrar esta semana, tomá una decisión concreta: elegís ser parte de la generación que cree. No es una emoción. Es una declaración. Podés hacerla en voz alta, solo o en comunidad: 'No pido señales. Creo. Y porque creo, las señales me seguirán.' Y después vivilo. Esta semana, la próxima, la que viene.
La única señal que Jesús prometió fue la de Jonás: muerte y resurrección. Ya sucedió. Ya está en vos. Todo lo demás viene después. Y viene.
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