Podés saber el precio del dólar, la tabla de posiciones y la letra de la última canción, y no tener la más mínima idea de lo que está pasando en tu propia casa. Eso es ceguera espiritual. Y es más común de lo que creés.
Jesús les dijo algo filoso a los fariseos: saben interpretar las señales del clima, pero no saben interpretar las señales de los tiempos. Y la pregunta que eso dispara es incómoda: ¿en qué soy experto yo, mientras me pierdo lo que realmente importa? Podemos ser muy competentes en muchas áreas de la vida y completamente ciegos en otras que son obvias. El pastor lo ilustró así: hay matrimonios que están al borde del precipicio y ninguno de los dos lo ve. Hay pibes que se pasan horas en el cuarto viviendo en un mundo que los padres desconocen. Hay personas que se van degradando de a poco, tan lento que se vuelve normal. La ceguera espiritual no siempre es dramática. A veces es simplemente distracción sostenida. Prestarle atención a todo menos a lo que necesita tu atención. La buena noticia es que la vista espiritual se puede pedir. No se gana con esfuerzo. Se recibe cuando la pedís con honestidad.
"'Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.'"
Efesios 1:17 · NVIEn 2 Reyes 6, el criado de Eliseo ve un ejército enemigo rodeando la ciudad y entra en pánico. Eliseo, en cambio, está tranquilo. ¿Por qué? Porque ve algo más. Entonces ora: 'Señor, abrí los ojos de este hombre para que pueda ver lo que no se ve.' Y el criado ve: el ejército enemigo estaba rodeado por fuerzas celestiales. La realidad espiritual existía antes de que él la viera. Solo necesitaba que le abrieran los ojos.
"'Señor, ábrele los ojos para que vea. Y el Señor abrió los ojos del criado, y este vio que la colina estaba llena de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo.'"
2 Reyes 6:17 · NVIHoy hacé una pausa real y mirá tu entorno más cercano con atención: tu familia, tu pareja, tus hijos, tus amigos. ¿Hay algo que venís ignorando? Pedile a Dios en oración concreta que te abra los ojos para ver lo que no estás viendo. Y después, escuchá. No hables tanto en esa oración.
La realidad espiritual existe aunque no la veas. La pregunta es si vas a pedirle a Dios que te abra los ojos antes de que sea tarde.
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