Hay una idea rara que nos metimos entre todos: que pedir oración es admitir que estás débil. Como si los que están bien no necesitaran que nadie ore por ellos. Eso es una pavada enorme, y la mayoría lo sabemos, pero igual no pedimos.
A ver, pensalo un segundo. ¿Por qué los chicos no piden oración? El predicador se hace esa pregunta y la respuesta es un poco incómoda: quizás porque nunca nos vieron a los grandes pedirla.
Nosotros llegamos al culto, saludamos, tomamos el café, escuchamos la palabra, y nos vamos por el pasillo "inyectados", como dice él. Entramos solos con la carga, salimos solos con la carga, y en el medio cantamos unas canciones. Eso no es comunidad, eso es cine con himnos.
El tema es que en algún momento le pusimos un significado raro a pedir oración. Como que si pasás al frente, algo debe estar muy mal. Como si necesitar a otros fuera una señal de que fallaste en algo. Y entonces todos esperamos a estar al borde del colapso para levantar la mano. Yo también, no me excluyo.
Pero mirá lo que dice la Biblia: "Lleven los unos la carga de los otros". No dice "lleven su propia carga con dignidad y estoicismo". Dice compartan. Oren juntos. Eso nos hace comunidad.
Y hay algo que es verdad y que el predicador lo dice bien claro: cuando alguien ora por vos, no llevás la carga solo. Hay algo que se libera. No porque las palabras tengan magia, sino porque en ese momento alguien está parado al lado tuyo diciéndole a Dios que te importa. Y eso vale.
Así que el miedo a que "se note que estoy mal" es, básicamente, orgullo disfrazado de discreción. Lo digo con cariño, porque yo también lo hago.
El predicador cuenta que tienen un ministerio de oración al final de cada culto. Gente dispuesta a orar. Y muchos domingos, casi nadie pasa. Y él se pregunta por qué. Después piensa en los jóvenes que tienen exámenes finales, en los matrimonios que la están pasando mal entre cuatro paredes, en los que tienen un tema con los hijos que no saben cómo manejar. Toda esa gente ahí sentada, con su carga, y el ministerio de oración vacío. Ahí hay algo que no cierra. No porque la gente sea mala, sino porque en algún punto alguien les hizo creer que mostrar que necesitás ayuda es una derrota.
"Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo."
Gálatas 6:2 · NVIHoy, si tenés algo que te está pesando, te propongo algo concreto: decíselo a alguien. No hace falta que sea todo el detalle, no hace falta que sea dramático. Puede ser simple: "¿Podés orar por mí esta semana? Estoy con esto". Y si vos estás bien, preguntale al que tenés al lado qué necesita. Nosotros construimos comunidad en esos momentos pequeños, no solo en los grandes cultos. Empezá hoy.
Pedir oración no es debilidad. Es exactamente el tipo de valentía que Dios anda buscando.
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