La mayoría de nosotros ora para que Dios entre en nuestros planes. Pero la oración profunda es al revés: es nosotros entrando en los suyos.
Hay tres capas en la oración, y casi siempre nos quedamos en la última.
La primera es orar por el reino de Dios. El Padre Nuestro arranca con eso: "Venga tu reino, hágase tu voluntad". No arranca con mis necesidades. Arranca con lo que a él le importa. Hay gente que se arrodilla todos los días no para pedir cosas para sí misma, sino para rogarle al Señor que sus propósitos se cumplan. Que el evangelio corra. Que las puertas se abran. Que la violencia no gane. Eso es orar con el corazón de Dios.
La segunda es orar por mis necesidades, pero de verdad. No solo las urgencias. Mirá, cuando alguien está desesperado cree cualquier cosa, prende una vela, se cuelga algo, lo que sea. No lo juzgo. Pero nosotros tenemos acceso a algo distinto: podemos ir al Señor antes de que llegue la desesperación. Podemos pedirle por nuestros hijos no solo cuando están en crisis, sino por quiénes van a ser, con quiénes van a caminar la vida, qué hay en el corazón de ellos que nosotros no vemos. Esas son necesidades reales. Más reales que la boleta de la luz, aunque esa también se puede pedir, no te preocupes.
Y la tercera, la que menos usamos, es orar para resistir los planes del enemigo. No estamos muy acostumbrados a eso. Pero Jesús lo pone en el Padre Nuestro: "líbranos del mal". Hay obras que se cruzan a propósito. Hay fortalezas que se arman alrededor de las personas que más necesitan a Dios. Y tenemos autoridad como hijos de Dios para pedirle al Señor que las deshaga.
Cuando las tres capas se juntan, la oración se vuelve otra cosa. Ya no es una lista. Es una asociación.
"Les dijo: La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros. Pidan, por tanto, al Señor de la cosecha que mande obreros a su campo."
Lucas 10:2 · NVIEl predicador menciona algo que me parece precioso: Jesús les dijo a los discípulos que pidan obreros para la cosecha. Y podría haberlos mandado él directamente, sin que nadie le pida nada. Pero quiso que nosotros lo pidiéramos. Porque cuando pedimos por algo, nos metemos adentro. Empezamos a palpitar lo mismo que él. Y muchas veces, cuando terminamos de orar por más obreros, nos damos cuenta de que los primeros obreros que él tenía en mente éramos nosotros.
"Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo."
Mateo 6:10 · NVIEsta semana, cuando te pongas a orar, probá empezar por el reino antes de llegar a tus necesidades. Aunque sea dos minutos. "Señor, que tu voluntad se haga. Que el evangelio corra. Que los que necesitan de vos lo encuentren". Después pedí por tus hijos, por tus necesidades reales, las que trascienden esta semana. Y cerrá pidiéndole que desbarate lo que el enemigo está intentando armar a tu alrededor. Nosotros podemos hacer esto juntos, no es algo reservado para los super espirituales.
Cuando entrás en los planes de Dios, ya no podés quedarte sin temas para orar. Nunca más.
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