Hay gente que explica la oración con una profundidad impresionante. Y no ora. Eso no es humildad, es una trampa.
J. Oswald Sanders escribió algo que no me sale de la cabeza: "Los grandes hombres de la tierra son los que oran. No me refiero a los que hablan de la oración, ni a los que explican cómo orar, sino a los que se toman el tiempo para orar".
Fijate en eso. No los que hablan. Los que se toman el tiempo.
Y después agrega algo que me parece brutal: no es que tengan tiempo. Se lo quitan a otra actividad. Una actividad que puede ser importante. Que puede ser urgente. Pero que es menos importante y menos urgente que la oración.
Eso es contracultural, amigos. Vivimos apurados. El semáforo tarda dos segundos en ponerse en verde y ya estamos tocando bocina. Tenemos la agenda llena de cosas que parecen no poder esperar. Y la oración queda para cuando sobre tiempo, que nunca sobra.
Pero el tema no es de tiempo. Es de prioridad. Cuando algo es prioridad de verdad, siempre le encontramos el espacio. Todos sabemos eso. Encontramos tiempo para lo que queremos encontrar tiempo.
No te digo que sos un mal cristiano si no orás tres horas por día. No tengo esa autoridad y tampoco sería honesto. Pero sí creo que muchos de nosotros, si somos sinceros, le dedicamos a la oración lo que sobra después de todo lo demás. Y lo que sobra, casi siempre, es nada.
La oración es como un trabajo, decía el predicador. Se disfruta, pero es un trabajo. Tiene una responsabilidad adentro. Y cuando empezás a tratarla así, algo cambia. Ya no esperás el momento perfecto. Creás el momento.
El predicador se describe a sí mismo mirando la semana y pensando: "esto que iba a hacer esta semana lo paso a la que viene, pero ya estaba para la semana pasada". Todos nos reímos porque es exactamente lo que nos pasa. El tiempo se nos escapa. Y en esa misma semana que se fue, ¿cuánto tiempo le dimos al Señor? La respuesta suele ser incómoda. No porque seamos malos, sino porque nunca lo pusimos primero.
"También les contó Jesús una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse."
Lucas 18:1 · NVIHoy no te pido que ores una hora. Te pido que le saques treinta minutos a algo que normalmente hacés, y que ese tiempo sea para el Señor. Puede ser antes de abrir el teléfono a la mañana, puede ser el tiempo del colectivo, puede ser los diez minutos antes de dormirte. El lugar no importa tanto. Lo que importa es que no sea lo que sobra. Nosotros empezamos a construir ese hábito juntos esta semana.
No es que no tenés tiempo. Es que todavía no decidiste que esto va primero.
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