Sabés todo sobre la oración. La explicás, la recomendás, quizás hasta enseñaste sobre ella. Pero hace rato que no nadás.
Hay una imagen en Ezequiel que me queda dando vueltas. Un río que empieza como un hilo de agua. Primero te llega a los tobillos. Caminás fácil, ni te complica. Un poco más adelante, a las rodillas. Ya cuesta un poquito. A la cintura, más pesado todavía. Y después de dos mil metros, ya no podés caminar. No hay otra opción que nadar.
El tema es que a veces nos quedamos en los tobillos para siempre. Mojamos los pies, sabemos lo que es el río, conocemos la temperatura, hasta le contamos a otros cómo es. Pero nadar, nadar de verdad, eso es otra cosa.
Y no te digo esto para que te sientas mal. Te lo digo porque yo me lo pregunto a mí mismo. ¿Cuándo fue la última vez que busqué al Señor de verdad, no porque se me cayó el mundo encima, sino porque quería estar con él? Digo por mi cuenta que a veces la respuesta me incomoda.
La oración no es una herramienta de emergencia. No es el número que marcás cuando alguien está al borde de la muerte o cuando el examen final no puede esperar más. Eso es usar a Dios como un servicio de guardia. Y todos lo hemos hecho, no te voy a mentir.
Pero hay algo distinto cuando empezás a frecuentar su presencia. Cuando le das tiempo sin que te explote algo en la cara primero. Ahí la oración deja de ser una lista de pedidos y empieza a parecerse a una conversación. Empezás a escuchar. Empezás a ver lo que a él le importa. Y de a poco, lo que a él le importa empieza a importarte a vos también.
El predicador cuenta que a veces en los momentos de oración compartida alguien pregunta "¿y por qué oramos?" como si necesitara una emergencia para justificar el tiempo. Él mismo se agarró haciéndose esa pregunta. Y ahí cayó la ficha: habíamos convertido la oración en sala de urgencias. El médico no te atiende si no estás grave. Pero Dios no funciona así. Él está en la puerta mucho antes de que se arme el desastre.
"Entonces ustedes me invocarán y vendrán a mí en oración, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón."
Jeremías 29:12–13 · NVIEsta semana, antes de que pase algo urgente, separás diez minutos para hablar con el Señor sin lista. Sin pedidos. Solo ponerte delante de él. No tenés que saber qué decir. El que no sabe cómo empezar, empieza con eso: "Señor, acá estoy, no sé bien qué decirte, pero quiero estar cerca". Eso ya es nadar un poquito más adentro. Nosotros arrancamos ahí, juntos, esta semana.
El río no te pide que ya sepas nadar. Te pide que entres.
Todavía no guardaste ningún devocional.
Tocá el marcador en cualquier devocional para guardarlo acá.Todavía no tenés frases destacadas.
Seleccioná texto en un devocional para guardarlo acá.Iniciá sesión con Google para guardar frases destacadas.
Entrar con Google
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.