Hay algo raro que nos metimos entre todos esta semana: que pedir oración en voz alta, delante de gente, es cosa de los que están al borde del precipicio. Y si estás bien, te callás y te vas por el pasillo inyectado como si nada.
Mirá, el predicador lo dijo con todas las letras y me quedó dando vueltas: ¿por qué nuestros hijos no piden oración? Y la respuesta que dio fue incómoda de verdad: quizás porque nunca nos vieron a nosotros pedirla.
Pensalo un segundo. Los chicos nos miran. Ven cómo llegamos al culto, saludamos, tomamos el café, escuchamos, y nos vamos. Solos con lo que trajimos. Solos con lo que nos llevamos. Y en el medio cantamos unas canciones hermosas. Pero nadie dijo nada. Nadie pidió nada. Todo prolijito.
El tema es que le pusimos un significado raro a pedir oración. Como si levantar la mano fuera admitir que algo se rompió. Como si necesitar a otros te dejara en una situación difícil delante de la gente. Y entonces esperamos. Esperamos el examen final, la crisis del matrimonio, el diagnóstico que no queremos escuchar. Ahí sí pedimos. Ahí sí nos animamos.
Pero eso no es fe, amigos. Eso es desesperación. Y hay una diferencia enorme entre los dos.
La fe pide antes. La fe va al Señor cuando todavía no explotó todo. La fe dice "necesito que alguien ore conmigo" no porque se cayó el mundo, sino porque sabe que no tiene que cargar solo.
A mí me cuesta, no me excluyo. Tengo mis cosas que guardo y que digo "esto lo arreglo yo". Y después me doy cuenta de que lo estuve cargando solo meses, cuando había gente al lado que hubiera orado conmigo sin pensarlo dos veces.
El predicador contó algo que me pareció muy honesto: hay matrimonios en la iglesia que la están pasando mal, muy mal, y queda entre cuatro paredes. No por falta de confianza en Dios, sino porque no queremos que se note. Como si barrer debajo de la alfombra fuera una forma de solucionar algo. Y él dice una frase que me pegó fuerte: si para vos lo importante es que no se note, Dios está esperando que abrás el corazón. No va a explotar la situación cuando la ponés en manos del Señor. Va a empezar a moverse.
"Lleven los unos la carga de los otros, y cumplan así la ley de Cristo."
Gálatas 6:2 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes del domingo, buscá a alguien de confianza y pedile que ore por algo concreto. No algo genérico. Algo real. Un miedo, una situación con tus hijos, una relación que está tensa. No hace falta que sea un momento solemne: puede ser un mensaje de voz, puede ser dos minutos antes de que arranque el culto. El punto es que no lo cargués solo. Nosotros somos familia, y las familias no se inyectan por el pasillo.
Pedir oración no es la señal de que fallaste. Es la señal de que entendiste para qué existe la comunidad.
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