Los ojos nunca se cansan de ver. Eso no es una metáfora poética. Es una advertencia real, y aplica a mucho más que lo que creés.
Salomón, que fue el rey más sabio y más rico de la historia, dijo algo que cuesta escuchar: «No le puse límites a mis ojos. Era el rey, podía ver todo lo que quería. Y me di cuenta de que los ojos nunca se sacian».
El tipo que lo tenía todo. Y aun así, nunca fue suficiente.
Mirá, el predicador habla de algo concreto: hay tres grandes tentaciones que nos desestabilizan. Los deseos del cuerpo, los deseos de los ojos, y el orgullo de los logros. Y las tres aparecen en la vida de casi todos nosotros en formas cotidianas.
Los deseos de los ojos no son solo pornografía, aunque eso también está ahí y él lo dice sin rodeos. Son también el deseo de tener lo que ves en la vidriera cuando no tenés el dinero. Es la comparación permanente con lo que otros tienen, hacen, publican. Es esa breve felicidad de comprar algo que se termina en el momento en que ya lo tenés, y después te queda la cuota durante meses mientras ya estás deseando otra cosa.
A mí me cuesta reconocerlo, pero me pasa. Veo algo, lo quiero, lo justifico, lo compro, y a los tres días ya no me da la misma satisfacción. El contentamiento se termina justo cuando llegó lo que tanto quería.
Jesús fue tentado por las mismas tres cosas en el desierto. El pan cuando tenía hambre. Los reinos del mundo que entraban por los ojos. La fama y la admiración si se arrojaba del templo. Y resistió las tres. No porque no fuera humano. Sino porque sabía exactamente dónde estaba su tesoro.
"«Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.»"
Mateo 6:21 · NVIEl predicador menciona algo que no lo podés escuchar sin que te pegue: el 75% de los hombres en Latinoamérica mayores de 9 años son consumidores regulares de pornografía. Y cerca del 60% de las mujeres. Y como las cadenas no se ven, como la gente trabaja, come, duerme y camina con normalidad mientras consume, nadie habla de eso. Nadie. «Es el tema de nadie», dice. Y ahí está, creciendo en silencio, detrás de pantallas que caben en el bolsillo y que nadie revisa.
"«Porque todo lo que hay en el mundo —los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— no proviene del Padre, sino del mundo.»"
1 Juan 2:16 · NVIHoy te propongo una sola cosa práctica: revisá qué entra por tus ojos en las próximas 24 horas. No para torturarte. Solo para observar. ¿Qué mirás cuando estás aburrido? ¿Qué scrolleás cuando no podés dormir? ¿Qué comparás cuando ves lo que otros tienen? Si descubrís que hay algo que ya no podés manejar solo, el predicador menciona una aplicación que se llama Custodio. Existe. Funciona. Y pedir ayuda no es debilidad; es exactamente lo contrario.
No se trata de cerrar los ojos. Se trata de saber adónde mirás cuando nadie te está mirando a vos.
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