Cuando ignorás a alguien, cuando pasás de largo, cuando tu manera de ser hace que alguien se aleje de Jesús, eso no es un rasgo de personalidad. Es una piedra de tropiezo. Y Jesús fue muy claro sobre las piedras de tropiezo.
Nosotros los evangélicos usamos mucho la palabra «testimonio». Y casi siempre la usamos como sinónimo de reputación: lo que los demás piensan de mí, si me ven como una buena persona, si no me ven haciendo nada malo.
Pero eso es una versión chiquita del testimonio. El testimonio real es algo mucho más profundo: ¿qué piensan las personas de Jesús y de Dios cuando te ven a vos?
Ahí cambia todo. Porque no se trata de tu imagen. Se trata de si tu manera de actuar acerca o aleja a alguien del Señor.
Jesús lo dice con una imagen que parece exagerada, pero la dijo para que quedara bien claro: si tu gesto, si tu manera de ignorar, si tu desinterés hace tropezar a alguien que quisiera acercarse al Señor, mejor sería atarse una soga al cuello y tirarse al fondo del mar. Molestarías menos.
Es fuerte. Lo sé. Pero Jesús no lo dijo para asustar. Lo dijo porque le importa cada persona que se acerca buscando algo, y a veces nosotros somos el primer muro con el que se chocan.
Fijate en esto: en la iglesia no estamos para hacer sentir culpable al que llegó. Eso es trabajo del Espíritu Santo. Nosotros estamos para hacérsela fácil. Para que cuando alguien entra entre desconocidos, sienta que hay alguien que lo ve.
"«Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación.»"
2 Corintios 5:18 · NVIEl predicador describe algo que pasa seguido en la iglesia: alguien que lleva tiempo sin venir vuelve un domingo. O alguien que es invitado por primera vez entra en medio de una multitud de desconocidos que se saludan entre sí. Y pasa de largo sin que nadie lo mire. Dice él que es como cuando uno está aprendiendo a manejar y va despacio en el carril izquierdo, y atrás le tocan bocina, le pasan cerca, le hacen sentir que estorba. «¿Eso es lo que hacemos nosotros con el que recién empieza?»
"«Al que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar.»"
Mateo 18:6 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes de entrar en automático en cualquier espacio donde estés con otros —la iglesia, el trabajo, el barrio—, preguntate: ¿hay alguien acá que necesita que yo lo vea? No una charla larga. No un sermón. A veces alcanza con un «hola, ¿cómo andás?» dicho en serio, sin apuro. Nosotros sabemos lo que se siente cuando nos ignoran. Usemos eso para hacer lo contrario.
Tu testimonio no es tu reputación. Es lo que la gente piensa de Jesús después de cruzarse con vos.
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