A veces la mejor decisión espiritual que tomás en la semana es silenciar una notificación. El problema no es salirte de un grupo. El problema es cuándo el grupo te salió a vos del corazón mucho antes.
Miren, amigos, esto me cuesta confesarlo pero lo voy a decir igual porque si no lo digo yo no lo dice nadie. Yo tenía un grupo de pastores. Un grupo grande, de la provincia, con gente que respeto. Y llegó un momento en que no lo aguantaba más. Tres o cuatro se saludaban, otros discutían, mandaban mensajes de Navidad, de Año Nuevo, stickers, audios de dos minutos que nadie escucha.
Lo silencié primero. Me dije: «así no molesta». Pero las notificaciones igual saltan. Y encima no sabés cuáles son las que tenés que responder y cuáles no. Así que el 25 a la madrugada, cuando ya casi era 26, tomé la decisión. Me salí. Lo abandoné. Y rezé para que todos estuvieran durmiendo.
Ahora, ¿eso es corazón o es cultura? El tema es ese, justamente ese. Salirme de un grupo porque me saturó la dinámica, eso lo entiendo. Pero si lo que se fue antes que yo fue el afecto real por esas personas, ahí ya no es el grupo el problema. Ahí es el corazón.
Y nos pasa en todos lados. Con la familia, con los compañeros de trabajo, con los hermanos de la iglesia. Empezamos silenciando. Después evitando. Después directamente ignorando. Y lo llamamos «cuidar mi energía» o «poner límites saludables». A veces es verdad. Pero a veces es que nuestro corazón eligió el silencio cómodo sobre el vínculo que cuesta.
La pregunta no es si saliste del grupo. La pregunta es si seguís teniendo al otro en el corazón aunque no lo tengas en las notificaciones.
El predicador lo contó él mismo, sin anestesia: grupo de pastores, buena gente, pero la dinámica lo cansó. Lo silenció. No alcanzó. Se salió a la madrugada del 25, esperando que nadie lo viera. «Se abandonó el grupo», dice la pantalla. Y todos saben quién fue. Ahora, eso en sí no es el drama. El drama sería que junto con el grupo se hubiera ido también el amor por esas personas. Salirse de un grupo es una decisión. Salirse del corazón de alguien es otra cosa completamente distinta.
"«Así que por sus frutos los conoceréis.»"
Mateo 7:20 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes de silenciar o salirte de algo, hacete una sola pregunta: ¿estoy cuidando mi corazón o lo estoy endureciendo? Hay una diferencia enorme entre poner un límite sano y empezar a construir una pared. Si hay alguien a quien evitás hace tiempo, no te pido que le mandes un audio de dos minutos que nadie escucha. Te pido algo más pequeño: acordate de esa persona cuando ores. Que no salga de tu corazón aunque salga de tu pantalla. Eso es lo que hace un discípulo.
Podés salirte del grupo. No te salgas del amor.
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