Hay algo muy incómodo en darse cuenta de que le estuviste pidiendo a Dios fuerza para aguantar mejor algo que él quería quitarte.
Miren, amigos. Esto me resultó bastante incómodo cuando lo empecé a pensar. Y se los cuento así, sin editar.
Isaías 40 dice «los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas». Hermoso versículo. Lo bordamos, lo ponemos en cuadros, lo mandamos en stickers de WhatsApp con fondo de amanecer. El tema es que a veces lo usamos mal. A veces oramos «Señor, renová mis fuerzas» y en el fondo lo que estamos pidiendo es un almohadoncito para que el yugo no lastime tanto.
Digo por mi cuenta: yo hice eso. Pedí fuerza para seguir cargando algo que Dios quería pudrir. Pedí fuerza para sostener una manera de ser que ya no servía. Pedí fuerza para aguantar una dinámica en casa que hacía daño. Y la oración era real, eh. Era sincera. Pero estaba mal enfocada.
No es que esté mal pedir fuerzas. El tema es para qué. Porque cuando el Espíritu Santo empieza a pudrir los yugos, las fuerzas que pedimos son para correr más livianos, no para cargar más pesado. Para trabajar con ímpetu, no para sobrevivir la semana. Para abrazar con ganas, no para aguantar el día.
La diferencia parece chiquita, pero no lo es. Es la diferencia entre pedirle a Dios un almohadoncito para el yugo o pedirle que lo pudra.
"«Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.»"
Mateo 11:30 · NVIHay algo que el predicador dijo que me dio gracia y ternura al mismo tiempo. Dijo que en nuestra vida a veces le pedimos al Señor «señor, ¿no habrá un almohadoncito para que no duela tanto?». Con esas palabras. Un almohadoncito. Y yo me reí, pero después me quedé pensando: ¿cuántas veces hice exactamente eso? Le pedí a Dios que pusiera una almohada entre mi cuello y el yugo, en vez de pedirle que lo sacara de ahí. Costaba menos. Cambiaba menos.
"«Los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»"
Isaías 40:31 · NVIEsta tarde, cuando ores, intentá cambiar el foco por un día. En vez de pedirle fuerza para aguantar lo de siempre, pedile que pudra lo que no tiene que seguir. Sí, es raro. Sí, da un poco de cosa no saber bien qué es lo que va a cambiar. Nosotros no controlamos eso, y está bien. La oración puede ser cortita: «Señor, no quiero el almohadoncito. Quiero que hagas lo tuyo».
Las fuerzas que Dios da no son para cargar mejor. Son para correr más liviano.
Todavía no guardaste ningún devocional.
Tocá el marcador en cualquier devocional para guardarlo acá.Todavía no tenés frases destacadas.
Seleccioná texto en un devocional para guardarlo acá.Iniciá sesión con Google para guardar frases destacadas.
Entrar con Google
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.