Día 6
Día 6 de 7 22 de agosto

Lo que se quemó fue la soga, no vos

Entraron al horno atados. Salieron libres. Lo único que el fuego destruyó fue lo que los tenía encadenados. Eso no es un detalle menor. Eso es el punto central de toda la historia.

Mirá bien el final de la historia, porque es demasiado bueno para pasarlo rápido.

Los meten al horno. Tan caliente que los soldados que se acercaron a arrojarlos murieron quemados por las llamas. O sea, el horno era real. El peligro era real. No era metáfora.

Y cuando el rey se asoma para ver qué quedaba de ellos, lo que ve son cuatro personas caminando. No tres cadáveres. Cuatro personas, de pie, caminando adentro del fuego.

Y cuando salen, dice la Biblia que no se había quemado nada. Ni la ropa, ni el pelo, ni la piel. Y acá viene el detalle que el predicador menciona y que me pareció brillante: ni siquiera tenían olor a humo. Sabés ese olor que te queda cuando te acercás a una parrilla un sábado y después tenés que explicarle a todo el mundo adónde estuviste. Ni eso.

Lo único que se quemó fueron las sogas.

Pensalo un segundito. Entraron atados. Salieron libres. El horno, que era la amenaza, terminó siendo la cosa que los liberó.

Digo por mi cuenta: a veces la situación que más miedo me da es exactamente la que Dios usa para quemar lo que me tiene encadenado. El problema del trabajo que no cierra. La relación que se tensó. El período difícil que no termina. Entro asustado. Y el Señor dice: «quedate tranquilo, yo ya estoy acá adentro».

"«Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te ahogarás. Cuando camines por el fuego, no te quemarás; las llamas no arderán en ti.»"

Isaías 43:2 · NVI

El rey se acerca al horno esperando ver cenizas. Era un rey poderoso, con todo un imperio a su mando, acostumbrado a que las cosas salieran como él ordenaba. Y lo que ve lo paraliza. No tres cadáveres. Cuatro personas caminando. Se inclina hacia los que están a su lado y pregunta: «¿cuántos echamos?». «Tres, su majestad». «¿Y entonces por qué yo veo cuatro?». El cuarto, dice la Biblia, tenía el aspecto del Hijo de Dios. El mismo rey que construyó la estatua, que calentó el horno siete veces más, que amenazó con matar a sus propios consejeros, ese mismo rey, en ese momento, se rindió. No por un sermón. No por un milagro espectacular. Sino porque tres pibes que no tenían nada para ganar eligieron quedarse de pie, y el Señor entró al horno con ellos.

II Versículo

"«¡Miren! Yo veo a cuatro hombres, sin ataduras, caminando en medio del fuego, y no les ha pasado nada. Y el cuarto tiene el aspecto del hijo de los dioses.»"

Daniel 3:25 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy es sábado. Probablemente tenés un poco más de tiempo que en la semana. Usá diez minutos para escribir, en papel o en el celular, una situación en tu vida que en este momento se siente como un horno. Algo que te asusta. Algo que no sabés cómo va a salir. Y al lado de eso, escribí esta frase: «Lo que se va a quemar es la soga». No como magia. Como recordatorio. Porque el Señor que estuvo adentro del horno con esos tres muchachos es el mismo que está con vos hoy, en eso que estás atravesando.

El horno no te destruye. El horno quema lo que te tenía atado. Eso cambia todo.

W. A.
3
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

L 17 M 18 M 19 J 20 V 21 S 22 D 23
3 min