Día 4
Día 4 de 7 13 de agosto

El celular en la mesa no es cultura, es corazón con pantalla

Salís a tomar un café con alguien y los dos terminan mirando el teléfono. ¿Para qué fuiste? Hubieras ido solo y te ahorrabas dividir la cuenta.

A ver, seamos honestos un segundito, que no duele tanto si lo decimos juntos. Cuántas veces estamos en la mesa, con la familia, con la pareja, con un amigo, y en algún momento uno agarra el teléfono. Y después el otro. Y de repente los dos están respondiendo mensajes que, si los revisamos con frialdad, no eran ni urgentes ni importantes.

Y lo más raro es que nos ponemos más gentiles con los contactos del teléfono que con la persona que está sentada enfrente. Porque parece un desprecio no contestar. Pero no parece un desprecio ignorar al que invitamos a salir.

El predicador lo dice así y yo lo suscribo: terminamos pidiendo perdón para seguir con lo nuestro. «Perdoname, un segundo.» Y el segundo dura diez minutos.

Digo por mi cuenta que esto me pasó. Me pasa. Y lo llamo «estar disponible» cuando en realidad estoy escapando de la presencia real de alguien para meterme en una presencia virtual que me demanda menos.

Y con los chicos es peor todavía. Los largamos solos en la inmensidad de la red aunque estén metidos en su habitación. No los largaríamos solos en la calle. Pero en la red sí. Y eso no es cultura digital. Eso es un corazón que eligió el silencio cómodo sobre el vínculo incómodo.

El tema no es el teléfono. El teléfono es una herramienta. El tema es qué dice de nuestro corazón lo que elegimos priorizar.

"«Tengan cuidado de cómo se conducen; no como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno.»"

Efesios 5:15–16 · NVI

El predicador cuenta que tenía un grupo de pastores de la provincia. Muchos participantes, saludos de Navidad, discusiones, notificaciones que no sabés cuál responder. Lo silenciaba para no estar pendiente de 60 personas. Hasta que el 25 a la madrugada, ya casi el 26, tomó la decisión y se salió de dos grupos importantes. «Espero que hayan estado todos durmiendo porque se abandonó el grupo. Y sí, lo abandoné. Me cansaron. Pero no personalmente.» Uno se imagina la escena: él ahí en la oscuridad, con el brillo del teléfono en la cara, apretando «salir del grupo» con una mezcla de alivio y culpa.

II Versículo

"«Que su sí sea sí y su no sea no; lo que va más allá de esto proviene del maligno.»"

Mateo 5:37 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Probá algo concreto esta semana: elegí una comida por día donde el teléfono no esté en la mesa. Una sola. No te estoy pidiendo que lo tires al río. Solo que en esos veinte o treinta minutos estés presente de verdad con quien tenés enfrente. Fijate lo que pasa. A veces descubrimos que la persona con la que vivimos tiene cosas para decir que nunca escuchamos porque siempre estábamos en otra parte. Nosotros nos sorprendemos cuando lo probamos.

El teléfono no arruinó nada. Fuimos nosotros los que elegimos mirarlo más que a los ojos de la persona que tenemos enfrente.

W. A.
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