Toda esta semana estuvimos hablando de estatuas, de hornos, de ojos que nunca se sacian y de jóvenes ricos que se van tristes. Todo eso es lo mismo. Todo apunta a una sola pregunta: ¿dónde está tu tesoro?
Jesús lo dijo sin anestesia, en Mateo 6:21: «Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón».
No al revés. Primero el tesoro, después el corazón. Donde ponés lo que más valorás, ahí va tu corazón sin que te des cuenta. Sin que lo decidas conscientemente. El corazón simplemente sigue.
Esta semana vimos a Sadrac, Mesac y Abednego quedarse de pie porque su tesoro no estaba en el favor del rey ni en salvar el pellejo. Vimos al joven rico irse triste porque su tesoro sí estaba en sus posesiones, aunque él creía que estaba en su práctica espiritual. Vimos a Salomón reconocer que los ojos nunca se sacian, y que él lo aprendió de la peor manera.
Todos estos personajes son un espejo. Y el espejo no miente.
Digo por mi cuenta, y quizás a algunos les resuena: es posible ir a la iglesia todos los domingos, cumplir los mandamientos, tener disciplinas espirituales, ser buena persona, y aun así tener el tesoro puesto en el lugar equivocado. En la reputación. En el control. En el dinero. En lo que la gente piensa de vos. En esa imagen tuya que cuidás como si fuera oro.
Y Jesús te mira. Y te ama. Amén. Y te dice: «te falta una sola cosa».
No es un reproche. Nunca fue un reproche. Es una invitación.
Saben qué es lo que más me llama la atención de toda esta semana. No es la historia del horno. No es el milagro de las sogas quemadas. Es esto: el predicador dice que Sadrac, Mesac y Abednego nunca hablaron en público, no hicieron ningún milagro, no dejaron ningún discurso escrito. Lo único que hicieron fue quedarse de pie. Y eso fue suficiente para que todo un imperio se volviera a Dios.
Nuestros hechos predican más que nuestras palabras. Siempre.
"«¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego! Él envió a su ángel y salvó a sus siervos que confiaron en él.»"
Daniel 3:28 · NVIHay un momento al final de la historia que me parece el más poderoso de toda la semana. El rey Nabucodonosor, el mismo que mandó construir la estatua de oro, el mismo que calentó el horno siete veces más, el mismo que dijo «¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder?», ese mismo rey da una orden delante de todo su Imperio: «a partir de ahora no se van a arrodillar más adelante esa estatua, sino delante del Dios de estos tres muchachos». Tres pibes sin discurso, sin milagro espectacular, sin publicar nada. Solo se quedaron de pie. Y eso le costó al reino más poderoso de la tierra cambiar de dirección. No subestimés lo que puede hacer una vida que elige quedarse de pie.
"«Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.»"
Mateo 6:21 · NVI¿Qué hacés con esto? Hoy es domingo. Antes de que arranque la semana nueva, hacete en serio esta pregunta: ¿dónde está mi tesoro esta semana? No la respondas rápido. Mirá para dónde van tu tiempo, tu energía y tu plata. No lo que decís que valorás, sino lo que elegís cuando nadie te mira. Eso te dice dónde está tu tesoro de verdad. Y si te das cuenta de que está en el lugar equivocado, no te condenes. Jesús no condenó al joven rico. Lo miró, lo amó, y lo invitó. Hacé lo mismo que podemos hacer nosotros esta mañana: decile al Señor «quiero que seas vos mi tesoro, y necesito tu ayuda para que eso sea verdad». Nada más. Eso alcanza para empezar la semana de pie.
La pregunta no era si ibas a tener estatuas enfrente. La pregunta era si ibas a quedarte de pie. Esta semana, con todo lo que costó, con todo lo que tembló, eligiste quedarte de pie. Eso vale. Seguí.
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