Día 1
Día 1 de 7 24 de agosto

Dejá que se pudra

No tenés que romperte el lomo sacándote el yugo. El yugo se pudre solo, cuando la unción del Espíritu Santo toca tu vida.

Hay una palabra en Isaías 10:27 que me viene dando vueltas en la cabeza hace un mes. La compartí con casi todo el liderazgo de la iglesia. Oramos por ella. Algunos hasta lloramos. Y hoy te la quiero dejar a vos.

Dice así: «Su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cuello, y el yugo se pudrirá a causa de la unción».

Esperate. No dice que el yugo se va a romper. No dice que se va a quebrar. Dice que se va a *pudrir*. ¿Sabés lo que pasa cuando una madera se pudre? Pierde consistencia. Se ablanda. Se empieza a desgranar. No necesitás ninguna fuerza para destruirla. Una madera podrida se cae sola. Se destruye con el dedo.

Eso es lo que el Espíritu Santo hace con los yugos de tu vida. No a los gritos. No a los tirones. Silenciosamente. Con amor. Los va carcomiendo por dentro hasta que un día, sin que te des cuenta del todo, ya no están.

El tema es que a veces nosotros corremos a buscar la palanca para romper el yugo de un golpe, y nos perdemos que Dios ya está obrando de otra manera. No es un cambio de programas. No es un cambio de canciones. Es un cambio de corazón, y ese cambio lo hace él.

Hace un mes alguien me mandó este versículo de Isaías. Te soy honesto: a veces me mandan versículos y no los leo todos. Vos tampoco, así que estamos a mano. Pero este me llegó. Lo leí. Y desde esa mañana, cuando me despierto, lo primero que pienso es que es una nueva oportunidad para que el Señor cumpla esta palabra en mi vida. Empecé a compartirlo con hermanos del liderazgo. Nos juntamos a orar por esta palabra. Algunos lloraron. Yo también. Y hoy, sin ningún problema, te lo cuento a vos.

II Versículo

"«Sucederá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cuello, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.»"

Isaías 10:27 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

Esta semana, cada mañana cuando te despertés, antes de mirar el teléfono, hacé una pausa de treinta segundos y decile al Señor: «Pudre lo que se tenga que pudrir en mí». No hace falta que sepas qué es. Él lo sabe. Nosotros solo abrimos la puerta.

No tenés que forzar nada hoy. Solo dejar que el que sabe lo que cargás empiece a hacer lo suyo.

W. A.
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