Día 4
Día 4 de 7 3 de septiembre

Dejá de volver a Egipto, que allá tampoco estabas bien

Hay algo raro en nosotros los seres humanos. Cuando somos libres, añoramos la esclavitud. No tiene ningún sentido lógico, pero lo hacemos igual.

A ver, esto es medio vergonzoso de admitir, pero lo voy a decir porque si no lo digo me quedo con la cara de que a mí no me pasa.

El pueblo de Israel, libre de Egipto, con el mar abierto adelante, mira para atrás y dice: «era mejor allá». ¿En serio? ¿Con los latigazos, los ladrillos, el barro, dormir hacinados? Sí. Con todo eso. Porque la esclavitud conocida da menos miedo que la libertad desconocida.

Y nosotros hacemos lo mismo, amén. Volvemos a los mismos hábitos feos que dijimos «nunca más». Volvemos a los mismos círculos que nos hacían mal. Volvemos a poner el mismo disco rayado que nos destruía la cabeza. Y cuando alguien nos pregunta por qué, la respuesta honesta sería: «porque allá al menos sé lo que me espera».

En el desierto hay sed, hay incertidumbre, hay días que no entendés nada. Pero en Egipto había cadenas. El tema es que las cadenas son incómodas pero predecibles. Y a veces preferimos lo predecible aunque nos lastime.

Digo por mi cuenta: hay cosas a las que volví que ni siquiera me gustaban tanto cuando las tenía. Pero las añoré igual. Eso es lo retorcido del asunto.

Y Moisés ahí, diciéndoles no, no, no. Y ellos volviendo al argumento cada vez que había hambre o sed. Siempre había una nueva razón para volver a Egipto. El hambre, el frío, el cansancio. Igual que nosotros: una pelea, una desilusión, un jueves complicado, y ya estamos pensando en las redes.

"«Jesús le respondió: Nadie que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás es apto para el reino de Dios.»"

Lucas 9:62 · NVI

Me imagino a alguien que dejó de fumar después de años de intentarlo. Lo logró. Seis meses sin un cigarrillo. Y un día tiene una semana horrible en el trabajo, la nena no duerme, el auto pinchó en el peor momento, y ahí aparece ese pensamiento: «uno solo no me hace nada». Uno solo. Como si no supiera exactamente adónde lleva ese uno solo. Pero vuelve porque Egipto le parece conocido. Y lo peor es que mientras prende ese cigarrillo ya sabe que se va a arrepentir. Lo sabe antes de dar el primer pitazo. Y lo hace igual. Eso es volver a las redes.

II Versículo

"«¿Por qué nos trae el Señor a esta tierra para morir a espada? Nuestras esposas e hijos serán tomados como botín. ¿No sería mejor que volviéramos a Egipto? Y se decían unos a otros: Nombremos un jefe que nos lleve de regreso.»"

Números 14:3–4 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta semana, cuando llegue el «impulso Egipto», ese momento en que algo conocido y malo te parece mejor que el desierto, esperá diez minutos antes de actuar. Solo diez. En esos diez minutos, hacete acordar una sola vez de lo que Egipto te costó realmente. No el Egipto romantizado de la nostalgia, el Egipto real con los ladrillos y el barro. Y después decidís. Nosotros no somos mejores que Israel. Pero tenemos la misma oportunidad: elegir el desierto con Dios antes que Egipto sin él.

Egipto no mejoró mientras estabas afuera. Solo lo recordaste más lindo de lo que fue. Igual que las redes.

W. A.
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