Día 2
Día 2 de 7 4 de agosto

Dejá de pelear con la incertidumbre y empezá a vivir en ella

No sabés qué va a pasar en cinco minutos. Y eso no es un problema que resolver. Es el lugar donde la fe vive.

A ver, seamos honestos. La incertidumbre nos angustia. A todos. No es que a los creyentes no les pasa, y a los demás sí. Nos pasa a todos, y a veces los que más fe tenemos somos los que más nos retorcemos por dentro tratando de controlar lo que no podemos controlar.

Dios no tiene tiempo ni espacio. Nosotros sí. Él puso a seres eternos en un mundo temporal, y eso genera una tensión permanente. No sabemos cómo va a terminar este día. No sabemos qué va a pasar el mes que viene. No sabemos si el proyecto que arrancamos va a funcionar. Eso es real. No lo podemos esquivar.

Pero hay dos maneras de pararse frente a esa incertidumbre. Una es dejar que te paralice, que te llene de angustia, que te quite el disfrute de lo que está pasando ahora mismo. La otra es entender que esa misma incertidumbre es la prueba de que estás en manos de alguien que sí sabe.

No voy a endulzar esto: no es fácil descansar en Dios cuando el panorama es confuso. Yo mismo a veces me pregunto «¿para qué lado va esto?» y no tengo respuesta. Pero la madurez espiritual, dice la prédica y lo suscribo, tiene menos que ver con conocer el futuro y mucho más con tener una sensibilidad para saber qué quiere el Señor que yo viva hoy. Hoy. No el año que viene.

"«Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.»"

Proverbios 3:5–6 · NVI

Hay una frase que escuché y que me quedó dando vueltas: cuando abrazás la incertidumbre en una relación, eso se llama romance. Cuando la abrazás en lo espiritual, se llama misterio. Cuando la abrazás en tu trabajo, se llama destino. Cuando la abrazás en lo emocional, se llama disfrute. Y cuando la abrazás en lo intelectual, se llama revelación. Es decir, la incertidumbre no es el enemigo. Es el campo donde crece todo lo que más valoramos. El problema no es que no sabemos. El problema es que queremos saber, y eso nos cierra a lo que Dios quiere mostrarnos.

II Versículo

"«Por tanto digo: el Señor es todo lo que tengo; en él esperaré. Bueno es el Señor con quienes en él confían, con todos los que le buscan.»"

Lamentaciones 3:24–25 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta semana, identificá una cosa concreta que estás queriendo controlar y no podés. Una sola. Puede ser la salud de alguien, una situación económica, una relación que no cierra. Y en lugar de buscarle la vuelta una vez más, intentá algo distinto: entregásela al Señor con nombre y apellido. No como fórmula mágica. Como un acto real de confianza. Nosotros no podemos controlar el resultado. Pero sí podemos decidir en quién depositamos el peso.

La incertidumbre no es señal de que Dios te abandonó. Es la condición necesaria para que la fe tenga sentido.

W. A.
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