Día 1
Día 1 de 7 20 de julio

Dejá de orar para sentirte bien y empezá a orar para ser escuchado

Hay una diferencia enorme entre orar para calmarte y orar porque sabés que alguien del otro lado está escuchando. No es lo mismo, y en el fondo vos ya lo sabés.

Miren, la ciencia misma dice que cuando una persona reza se calma. Anímicamente, físicamente. Hasta en pacientes conectados a máquinas se notan las variantes. Así que sí, orar hace bien. Pero eso no alcanza.

El tema es este: descargar la mochila, contarle algo a alguien o a algo, eso alivia por un rato. Todos lo hacemos. Todos necesitamos algún tipo de experiencia espiritual, sobre todo cuando todo se pone difícil. Pero es muy diferente cuando aprendés a descansar en el Señor porque entendés que él te está escuchando de verdad.

Isaías cuenta la historia de un tipo que va al monte, corta leña, arma una fogata, cocina, se calienta. Y con el resto de la madera, sin celular, sin tele, con tiempo libre en las manos, empieza a tallar una figura. Le va poniendo cada vez más cariño. La coloca en un lugar, le pone un nombre, le pide protección. Isaías dice algo que te parte el corazón: «¿Cómo pueden hacerlo? La misma madera que usaste para quemar es la que tallaste y ahora le pedís que te socorra».

Nosotros nos reímos de eso. Pero también nos fabricamos ídolos. Los nuestros son menos visibles, pero igual de mudos. Tienen ojos y no ven. Tienen oídos y no oyen.

Y acá viene lo que me parece extraordinario. Los Salmos dicen algo que a mí me detiene: «El que hizo el oído, ¿no va a oír?». Si Dios te dio la capacidad de escuchar, es porque él es quien oye primero. Cuando le hablás al Señor, no estás tirando palabras al aire. Hay alguien que inclina el oído.

"«Yo amo al Señor porque él ha oído mi voz y mis súplicas. Porque ha inclinado a mí su oído, lo invocaré en todos mis días.»"

Salmos 116:1–2 · NVI

"«El Señor oirá el clamor de los que oran, y los salvará.»"

Salmos 145:19 · NVI

El Salmo 116 arranca con algo muy simple y muy poderoso a la vez: «Yo amo al Señor porque él ha oído mis súplicas». No dice «porque me resolvió todo». No dice «porque me entendió a la primera». Dice que lo ama porque lo oyó. Y los que pasan tiempo con el Señor cada vez tienen esa experiencia más honda. No como teoría. Como algo que se va sintiendo.

II Versículo

"«El que hizo el oído, ¿no oirá?»"

Salmos 92:9 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de empezar el día, parás un segundo y te preguntás honestamente: cuando orás, ¿estás buscando calmarte o estás buscando a alguien? No es una trampa, es una pregunta real. Y si la respuesta te incomoda un poco, bien. Eso es punto de partida. Hoy oramos sabiendo que hay un Dios que inclina el oído. No porque lo merezcamos, sino porque esa es su naturaleza. Lo hizo el oído. Sabe lo que es oír. Y nos oye a nosotros.

Nunca te sientas ridículo por orarle a alguien que no podés ver pero que sí existe. Lo ridículo, si lo pensás bien, es pedirle socorro a un pedazo de madera.

W. A.
2
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

L 20 M 21 M 22 J 23 V 24 S 25 D 26
3 min