Nadie cambia si espera que cambie primero la realidad. El cambio empieza por vos, aunque todavía no te cierren las vidas de los que te rodean.
Hay algo que hacemos casi sin darnos cuenta. Queremos cambiar, de verdad que queremos. Pero miramos alrededor y decimos: «listo, yo cambiaría, pero que cambie todo también». Y así, sin movernos, esperamos.
El tema es que la realidad no arranca primero. Nunca. Vos arrancás primero, y la realidad se va reacomodando. O no se reacomoda, y ahí viene la parte difícil.
Porque cuando algunas cosas no cambian, sacamos el barniz y empezamos a recubrir el yugo otra vez. Lo pintamos prolijo por afuera, pero adentro sigue igual. Eso no es cambio, eso es maquillaje.
Jesús no vino a barnizarnos. Vino a transformarnos desde las fibras más íntimas, desde las raíces. No a barrer la superficie, sino a clavar la pala bien hondo. Y eso lleva tiempo, y duele, y a veces corremos con la garrocha y volteamos la barra. Pero el proceso es real.
Lo que pasa es que en algún momento, por la frustración, volvemos a las redes. Volvemos a lo conocido. Volvemos a ser lo que éramos antes de que Jesús apareciera. Y nos convencemos de que eso somos, que así somos, que lo otro fue un paréntesis.
Pedro lo hizo. Tres años con Jesús. Milagros, discursos, caminó sobre el agua. Y después de negar a Jesús tres veces, con insultos incluidos, volvió al lago. Volvió a las redes. Como diciendo: «esto es lo mío, esto es lo que sé hacer, al fin y al cabo soy así». No era una noche de pesca deportiva, era Pedro replanteándose todo. Era Pedro diciendo que quizás lo de Jesús había sido un paréntesis en su vida. Que el real Pedro siempre fue el pescador.
"«Ahora anda a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar. Maestro, respondió Simón, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada. Pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.»"
Lucas 5:4–5 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, identificá una sola cosa que estás esperando que cambie afuera para poder cambiar adentro. Una relación, una situación, una persona. Escribila. Y después preguntate honestamente: ¿qué depende de mí en esto? No se trata de resolverlo todo hoy. Se trata de dejar de usar la realidad como excusa para no arrancar.
El barniz se seca rápido. Las raíces tardan más. Pero son las raíces las que sostienen.
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