Día 2
Día 2 de 7 21 de julio

Aprendé a darle la gloria a Dios sin buscarle la vuelta

Dios responde oraciones. El problema es que somos muy creativos para encontrar otra explicación justo cuando llega la respuesta.

A ver, levante la mano quien haya recibido una respuesta del Señor alguna vez. Yo sé que sí. Todos tenemos algo. Y es maravilloso. Pero hay algo que pasa después, y me incluyo, porque esto me pasó a mí también.

Salís de la oficina con el «sí» del trabajo por el que orabas hace meses. Y en el ascensor, casi sin darte cuenta, empezás a pensar: «Bueno, la verdad que tengo un currículum interesante». Y no está mal tener un buen currículum. Pero un segundo atrás estabas orando.

O salís del médico con el diagnóstico limpio. Y decís: «Gracias a Dios... y también elegí el mejor médico». Legítimo. Elegí siempre el mejor médico. Tomá todos los recaudos. Estudiá antes del examen. Eso no está en discusión.

El tema es que hay una realidad espiritual que corre por debajo de todo eso. Y la Palabra dice algo que no tiene vuelta: «Cuando yo abro las puertas, nadie las cierra. Y si yo las cierro, nadie las abre». Estudiás, y el profesor se pone loco. Vas al médico, y no tenés nada. Hacés la compra perfecta, y algo sale mal. Porque si Dios cierra la puerta, nadie la abre.

Y a la inversa: a veces el currículum es flojito, el médico no era el más famoso, la decisión no fue la más brillante. Y aún así, la puerta se abrió. ¿Por qué? Porque Dios. No hay otra explicación.

Nada nos humilla más, y al mismo tiempo nada aumenta más nuestra fe, que darle la gloria a Dios por lo que él responde. No para achicarnos. Para conocerlo mejor.

Hay un enemigo que susurra nuestros pensamientos justo cuando llega la respuesta. Es casi gracioso, si no fuera tan real. Oraste meses por algo, llegó, y en ese mismo momento empieza el susurro: «También tengo que reconocer que me esforcé», «La verdad que los astros se alinearon», «Fue casualidad». Y así perdemos la alegría de la respuesta. No porque seamos malos, sino porque hay alguien que no quiere que Dios se lleve el crédito.

II Versículo

"«Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David: lo que él abre, nadie puede cerrarlo; y lo que él cierra, nadie puede abrirlo.»"

Apocalipsis 3:7 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta semana, cuando algo salga bien, hacés una pausa antes de la primera explicación racional. Solo una pausa. Y en ese espacio, decís «gracias» en serio. No estamos diciendo que el esfuerzo no cuenta. Estamos diciendo que el esfuerzo sin el Señor tiene un techo muy bajo. Hacé lo tuyo. Y después soltá. Y cuando llegue la respuesta, dejemos que Dios se lleve lo que le corresponde. A nosotros nos va a hacer muy bien.

Hacé tus esfuerzos. Pero orá de verdad. Y cuando llegue la respuesta, no le busques la vuelta. Simplemente, dale la gloria.

W. A.
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